“Operación rollo”, resulta que rompí (otra) película de fotografía dentro de la cámara, y Maritza y yo improvisamos sitios oscuros con mochilas y suéteres para salvarla. Fue todo un show. ¿Qué aprendí? Ya no tomaré la foto número 37 de un rollo de 36. Por el lado bueno (obviando la ley), recorrimos los olivos, las coladeras (como Maritza llama a las colinas y laderas) y casi llegamos a Ensenada cruzando propiedad privada. Cayó la noche, no veíamos nada, excepto cuervos y el tren pasó frente a nosotros. Hay un video de eso último, que en sí es más audio pues la pantalla es totalmente negra pero se escucha mi voz mandando saludos. Creo que jamás olí tanto a pasto. Dios salve la película.
0 comentarios:
Publicar un comentario